Limpiamos los espárragos y los ponemos en una fuente de horno, salpimentamos y rociamos con aceite. Los horneamos 10 minutos a 220ªC hasta que estén tiernos y dorados. Los podríamos hacer igualmente a la plancha. Si utilizamos espárragos envasados, los escurrimos bien y los asamos un poco, para que se doren. Reservamos.
Mezclamos en un bol el queso con la nata, salpimentamos y reservamos.
Cocemos la pasta en agua hirviendo con sal, el tiempo indicado en el envase para que quede al dente. La escurrimos y la pasamos a una fuente para servir.
Cortamos los espárragos en trozos y los mezclamos con la pasta. Añadimos la salsa de queso y removemos bien, hasta que se funda con el calor y recubra totalmente la pasta. Servimos inmediatamente.
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Esta receta tan sencilla es ideal para esta época, pocos ingredientes, poco trabajo y poco calor…. Un plato sabroso y sano para este verano sofocante. La receta es del libro “Pasta” de la editorial Parragon.
The July 2010 Daring Cooks’ Challenge was hosted by Margie of More Please and Natashya of Living in the Kitchen with Puppies. They chose to challenge Daring Cooks to make their own nut butter from scratch, and use the nut butter in a recipe. Their sources include Better with Nut Butter by Cooking Light Magazine, Asian Noodles by Nina Simonds, and Food Network online.
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Ingredientes :
150 grs de Nueces Pecanas
100 ml de Agua
Sal
4 cucharadas de Aceite
2 hojas de Laurel
2 semillas de Cardamomo Negro
1 Cebolla
20 grs de Jengibre
5 dientes de Ajo
800 grs de Pechuga de Pollo
Sal
150 ml de Yogurt Griego
80 grs de Pasta de Nueces Pecanas
¼ de cucharilla de Chilli molido
2 cucharaditas de Cilantro en grano
2 Tomates
1 ½ cucharaditas de Garam Masala en polvo
½ cucharadita de Cardamomo Verde molido
2 cucharadas de zumo de Limón
4 Huevos cocidos
Cilantro fresco
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Preparación :
Pasta de Nueces Pecanas : Trituramos las nueces con un poco de sal y el agua, en el vaso de la batidora. Obtendremos una pasta granulada. Si nos queda muy seca le añadimos un chorrito de aceite, para hacerla más untuosa. Resevamos.
Ponemos en una cazuela las cucharadas de aceite y añadimos las hojas de laurel y las semillas interiores del cardamomo. Las sofreímos unos segundos y añadimos la cebolla cortada en juliana. Rehogamos y dejamos pochar hasta que esté dorada.
Mientras tanto trituramos los dientes de ajo junto al jengibre fresco, y hacemos una pasta ayudándonos de un poco de agua. Añadimos esta pasta a la cazuela, removemos y dejamos cocinar unos minutos.
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Incorporamos el pollo troceado y lo freímos hasta que coja color por todos lados. Añadimos sal, el yogurt griego, la pasta de nueces, el chilli, el cilantro en grano y los tomates pelados, despepitados y rallados. Mezclamos bien, tapamos y dejamos hervir a fuego lento unos 25 minutos. Retiramos las hojas de laurel.
Si fuera necesario, durante la cocción, añadimos un poco de agua al guiso, pero no demasiada, ya que tiene que quedar con una salsa espesa. Removemos de vez en cuando y al finalizar incorporamos el garam masala, el cardamomo verde y el zumo de limón. Removemos bien y lo decoramos con rodajas de huevo cocido y cilantro fresco picado. Y acompañamos con un arroz pandan hervido y pan Naan.
El reto de este mes de las Daring Cooks ha consistido en preparar una mantequilla de frutos secos y con ella preparar otro plato. Yo he hecho una pasta de nueces pecanas y he preparado un curry de pollo de Hyderabad, ciudad de la India, situada en el interior de la mitad sur del pais.
La receta la he encontrado en el libro “Anjum’s New Indian”, una recopilación de recetas de la India, de su autora Anjum Anand, inglesa de origen hindú, que tiene un programa de cocina en la BBC y que intenta adaptar las recetas tradicionales de cada pueblo de la India, a nuestra manera de cocinar y comer. Suaviza un poco las recetas y las adapta a nuestros ingredientes. En este caso yo no he puesto cardamomo verde porque no tenía y he sustituido el yogurt normal por yogurt griego, porque me encanta.
El plato ha resultado muy suave, aunque no lo parezca y a pesar de llevar muchos ingredientes, resulta fácil y cómodo de hacer. Una receta que realmente merece la pena probar. Nosotros no tenemos mucha costumbre de usar estas pastas de frutos secos en la cocina, en cambio en la cocina hindú y tailandesa se utilizan mucho. Con ellas se consigue realzar el sabor del plato y mejora su textura y consistencia.
En la cocina andaluza la costumbre es utilizar la almendra, herencia de su pasado árabe y es verdaderamente deliciosa. Aporta un sabor inconfundible.
Precalentamos el horno a 200º C. Preparamos un molde desmontable, cubierto con papel de horno en la base y lo engrasamos por todos lados.
Limpiamos bien los limones y rallamos la piel. La reservamos. Hacemos zumo con ellos y lo reservamos también. Derretimos la mantequilla en el microondas sin que llegue a hervir y cuando se enfríe un poco, diluimos en ella la maizena.
Ponemos en un recipiente los huevos con el azúcar y los batimos bien, hasta que blanqueen y se pongan espumosos. Incorporamos la mantequilla, el zumo y la ralladura de los limones y mezclamos bien.
Extendemos la lámina de hojaldre sobre el molde, lo ajustamos bien al fondo y los laterales y recortamos el sobrante.
Vertemos la crema sobre la pasta y horneamos la tarta 30/35 minutos, hasta que los bordes de hojaldre estén dorados y la crema cuajada. Sacamos la tarta del horno, la desmoldamos y la dejamos enfriar sobre una rejilla.
Esta tarta está hecha con una receta de Larousse Cuisiney es realmente sencilla e ideal para esta época del año. Un postre rápido y delicioso. Si nos gusta, podemos espolvorear la tarta con azúcar glas.
Y también podemos hacer variaciones de la misma, cambiando el hojaldre por pasta quebrada ó cubriéndola con Dulce de Limón y adornándola con unas frambuesas. Últimamente entre el calor que está haciendo y que tengo muchísimos limones en casa, he hecho varias veces esta receta y siempre resulta un éxito.
¿Qué me decís del pulpo de la selección? Lo ha hecho mi hermana Alicia.... ahora han salido a ver el partido...... y HAN VUELTO CON EL TRIUNFO !!!!!!!!!!!!!!!!
Preparamos primero la confitura de Cerezas. Deshuesamos las cerezas y las ponemos en un bol. Las cubrimos con el zumo de limón y con 100 grs de azúcar. Removemos bien y dejamos reposar por lo menos una hora, para que las cerezas suelten todo su jugo.
Pasamos esta mezcla a un cazo antiadherente y lo ponemos al fuego fuerte hasta que comience a hervir. Entonces bajamos un poco la temperatura y dejamos cocer 30 minutos, hasta que la fruta se deshaga.
Si vemos que queda muy seca, le añadimos un poco de agua. Podemos triturar la confitura, un poco, con ayuda de la batidora, pero sin llegar a hacer un puré. Se tienen que notar los trozos de fruta. Retiramos del fuego y dejamos enfriar.
Ponemos a calentar la leche en un cazo y le añadimos la sémola en forma de lluvia. Removemos sin parar durante unos minutos con el fuego más bajo, hasta que la crema espese. Añadimos 100 grs de azúcar, las pasas y el ron. Seguimos removiendo 5 minutos más y lo retiramos del calor, dejándolo enfriar.
Para montar los vasos, cubrimos el fondo de los mismos con la confitura de picotas, rellenamos de la crema de sémola con pasas y rematamos con la nata montada, en manga pastelera y con boquilla rizada.
Para finalizar espolvoreamos de cacao en polvo y decoramos con una picota. Servimos inmediatamente para que la nata no baje.
Un postre muy fácil, sencillo y delicioso. Con él quiero participar en el concurso organizado por Lazy-Blog, sobre recetas con cerezas del Valle del Jerte. Me encantan estas cerezas y la verdad es que están buenas de cualquier forma.
Antes de empezar con los calabacines, empezamos con la salsa, según la receta de este enlace.
Mientras se hace la salsa, preparamos el relleno de los calabacines. Picamos muy fino la cebolla, el ajo y el perejil, todo por separado y ponemos a remojar la miga de pan.
Ponemos una sartén al fuego con el fondo cubierto de aceite y añadimos la cebolla. La rehogamos y dejamos pochar un poco a temperatura media. Después añadimos el ajo y la carne picada. Rehogamos, esperamos a que la carne se fría bien y añadimos la miga de pan. Sazonamos con sal y pimienta y dejamos que cueza, removiendo y mezclando bien todos los ingredientes. Estará listo cuando se pueda hacer una bola con toda la mezcla.
Retiramos del fuego y añadimos las yemas de huevo y el perejil. Removemos bien y dejamos enfriar.
Pelamos los calabacines y los cortamos en trozos de unos 5-6 cm de alto, dependiendo del grosor del calabacín. Cuanto más gruesos sean mejor, porque los podremos hacer más bajitos. Tenemos que tener en cuenta que el tamaño tiene que ser el suficiente para poder rellenarlos.
Con la ayuda de una cucharilla vaciamos el interior de cada trozo sin llegar al fondo y dejando la carne de las paredes. Ponemos agua con sal a hervir en una olla y los hervimos 5 minutos para que estén más tiernos. Los escurrimos y dejamos enfriar. No debemos hervirlos más porque se podrían romper.
Una vez fríos y otra vez con la ayuda de una cucharilla, los rellenamos. Los pasamos por harina y huevo batido y los freímos en aceite no muy caliente, para que se doren, pero no se quemen.
Ponemos la salsa en una fuente refractaria y la calentamos. Según vamos friendo los calabacines, los vamos poniendo dentro de la salsa. Los dejamos hervir, a fuego suave, durante ½ hora aproximadamente, para que se hagan bien los calabacines y espese la salsa. Hay que tener cuidado de que no se peguen al fondo, removiendo la fuente de vez en cuando.
Una vez que los calabacines estén tiernos, ya están listos para comer. La ventaja de esta receta es que se puede preparar con antelación, de hecho están mejor de un día para otro y se puede congelar sin problemas.
La receta es exactamente igual que la de los Pimientos Rellenos, pero a diferencia de esa, que se podía preparar todo el año con los pimientos envasados, los calabacines solo se preparaban en verano, época en la que había calabacines en el País Vasco.
Esta referencia es de cuando yo era pequeña…. En verano nos hartábamos de comer calabacín: rebozado, relleno, en Pisto o en crema, de cualquier forma era delicioso. El tipo de calabacín que se daba allí entonces, era el de piel más blanca y mucho más grande que los que yo encuentro ahora por aquí.
La ventaja era que al ser más gruesos, se hacían trozos más bajos y no hacía falta hervirlos, porque una vez rellenos y rebozados se ponían en la cazuela de barro y prácticamente se cubrían con la salsa, se dejaban hervir lentamente y quedaban en su punto. Con los calabacines más estrechos, los trozos son muy altos y no se pueden cubrir de salsa, por eso yo los tumbo y los hiervo antes, para que queden bien tiernos. Lo mejor, ahora los podemos hacer todo el año….
Preparamos de antemano los pasteles de arroz. Separamos las claras de las yemas de huevo. Mezclamos las yemas con 4 cucharadas de azúcar y las ponemos a fuego suave removiendo sin parar, hasta que se disuelva el azúcar. Retiramos y dejamos enfriar.
Precalentamos el horno a 100º C. Montamos las claras a punto de nieve y vamos añadiendo el azúcar restante poco a poco, hasta que las claras estén muy consistentes. Al final les añadimos con ayuda de una espátula, las cucharadas de azúcar glas.
Ponemos la mezcla en una manga pastelera con una boquilla lisa y ancha y cubrimos los pasteles, dándoles forma cónica, acabando en punta. Horneamos los pasteles 10 minutos, para que el merengue se seque un poco y endurezca. Los sacamos del horno y con ayuda de una cucharilla, cubrimos con dos tiras de yema, en lados opuestos, echando la mezcla desde el vértice. Horneamos otros 10 minutos.
Mientras tanto derretimos el chocolate a fuego suave, para que no llegue a tener mucha temperatura. Sacamos los pasteles y les hacemos otras dos tiras con el chocolate, de la misma forma, desde la punta con ayuda de una cucharilla. Dejamos enfriar a temperatura ambiente y están listos para comer.
La Carolina es otro pastel típico de Bilbao. Lo creó un pastelero en los años 50 para su hija, y tuvo tanto éxito que se extendió por todas las pastelerías inmediatamente y hasta el día de hoy, los podemos encontrar por todo Bilbao.
Es un pastel sencillo, que usa como base otro pastel, que en este caso es uno de arroz, pero muchas veces se puede encontrar con otras bases, como tartitas de frutas ó pasteles de coco. El merengue debe estar muy, muy firme para que no pierda la forma y lo más difícil es extender la decoración. Para ser la primera vez que los hago estoy muy satisfecha, porque todas las imperfecciones que tienen los pasteles se deben al “hecho en casa”… eso es lo que me ha dicho mi familia para animarme…..
En el mismo enlace que os puse ayer de Ibán, podéis ver una Carolina perfecta… industrial…. Para los niños, en Bilbao, este es el pastel estrella. Ahora tiene un día propio, con celebración incluida. En este enlace podéis ver la fiesta de la Carolina y cómo hacen los profesionales para decorarla…
Y ya se han hecho versiones, “el Karolino”, presentado en el cartel de los carnavales y una Carolina salada, del bar Zuga de la Plaza Nueva, que me parece una idea genial a base de crema de queso, salsa de soja…. y con un aspecto mejorable, sin duda. Lo intentaremos.
Para los que somos de Bilbao, aunque no vivamos allí (por que los de Bilbao nacemos y vivimos donde queremos) las cosas típicas y propias, son artículos de culto y las echamos de menos de por vida. Por eso somos capaces de escribir una entrada de un blog dedicado a una Carolina ó crear un grupo en Facebook sobre la “baldosa de Bilbao”. Somos así. Del Atletic no hablamos.....
Calentamos la leche y dejamos infusionar 1 ó 2 trozos de corteza de limón para aromatizarla. La dejamos enfriar y retiramos las cortezas.
Precalentamos el horno a 180º C. Engrasamos un molde de muffins (12 unidades) y recortamos el hojaldre en círculos del tamaño de los moldes, para cubrirlos totalmente. Los moldeamos bien para que queden ajustados a las paredes.
Con la ayuda de las varillas batimos los huevos, añadimos el azúcar, la mantequilla derretida, la harina y la leche. Mezclamos todo bien y lo vertemos sobre las cazuelitas de hojaldre sin llegar al borde.
Horneamos los pasteles durante 20/25 minutos, hasta que estén doraditos. Enfriamos sobre rejilla y espolvoreamos con azúcar glas (esto es opcional, normalmente no lo llevan).
Con los recortes del hojaldre he recubierto unas cazuelitas engrasadas, las he rellenado de puré de albaricoques (1 parte de albaricoques / ½ de azúcar, hervir durante 15/20 minutos y triturar) y lo he cubierto con la crema que me ha sobrado de los pasteles. Los he horneado igual y han salido unas tartitas de albaricoque deliciosas.
El Pastel de Arroz es uno de los dulces más típicos de Bilbao, junto con el Bollo de Mantequilla, la Carolina, el Ruso, los Jesuitas, las Juanitas, el Pastel de Coco, los Milhojas…….. No os perdáis los enlaces de Ibán, que trata sobre estos temas…aquí y aquí.
Bilbao, para esto de los pasteles, como para otras muchas cosas, es terriblemente tradicional y no hay pastelería, bar ó degustación de café (establecimiento típicamente bilbaino), que no tenga un Pastel de Arroz para los desayunos ó las meriendas. Estos pasteles son una delicia, se comen templaditos, son suaves, ligeros y para uno de Bilbao, la máxima expresión de la pastelería : no demasiado dulce, no demasiado pesado y muy, muy sobrio… como de Bilbao.
Lo más curioso de todo es que no llevan arroz, aunque se llamen así. Se cree que en su origen se hacían con harina de arroz y que han conservado el nombre. También se hacen en forma de tarta grande y tiene algun otro uso, que mañana os enseñaré….
A mi este tipo de pastel es el que más me gusta. Me recuerdan a los Pasteles de Belem (aunque creo de verdad, que los de Belem son más sabrosos y jugosos… pero cuesta reconocerlo…), al Pastel Bretón, a la Quesada Pasiega…. son todos el mismo tipo de masa, simple pero deliciosa.
Después de estar unos días en el campo y tenernos que volver, he estado unos días en Almería. Tengo que reconocer que me ha sorprendido. No es que sea una gran ciudad y especialmente bonita, pero realmente tiene su encanto. El viaje no era por vacaciones, pero al final lo ha parecido….
Yo tenía una imagen de Almería mucho peor. Solamente había estado una vez de pasada, yendo a ver el Cabo de Gata y la verdad es que me pareció horrorosa. Fue hace unos cuantos años y entre la carretera para llegar hasta allí, que sigue siendo mortal y la ciudad que estaba descuidada, no me gustó nada. Hoy puedo asegurar que Almería es diferente. Creo que es la gran desconocida y la gran olvidada de Andalucía.